Acá hay, quizá, alguna respuesta del por qué lo que escribo no se parece a mi.
Ricardo, Ernesto
y la misma musa.
Como Ricardo te quiero en lo sublime,
con los más finos latidos del corazón
hago que todos los suspiros rimen,
con poética inspiración.
Como Ernesto te quiero en lo salvaje,
apelando a la rabiosa pasión,
uso la emboscada y el pillaje
con colmillos y aguijón.
Como Ricardo te fabrico pompas de jabón
como Ernesto te disparo balas de cañón.
Y tú sigues siendo la misma musa,
que pasas de largo de mi.
que te rehúsas
a darme el sí.
La misma que me acusa,
de no velar por ti.
Princesa confusa,
herida profusa, no digas que no te advertí.
Como Ricardo uso la lana y el terciopelo,
y te hago un lecho con pétalos de algodón
no hay reproches y coctel de celos,
todo es devoción
Como Ernesto, en cambio, soy obseso,
te arriesgas a hacer un papelón,
seré acucioso, te robaré besos,
desbordaré pasión.
Como Ricardo acudo a tu salvación
como Ernesto te espera la sinrazón.
Y tú sigues siendo la misma musa,
que pasas de largo de mi.
que te rehúsas
a darme el sí.
La misma que me acusa,
de no velar por ti.
Princesa confusa,
herida profusa, no digas que no te advertí.
San Miguel, 12 de febrero 2009
No hay comentarios:
Publicar un comentario