domingo, 4 de enero de 2009

Hasta el lunes

Hace algunos años, alguien cantaba una canción tropical que tenía un coro que decía algo así: "Dame un beso que me dure hasta el lunes...", y en esa tonada se narraba la historia de un novio pueril que le pedía un beso tan apasionado a su amanda, para que el regusto le durara hasta el lunes siguente, después de un largo fin de semana. Es como decir "déjame una parte de ti en la boca". A pesar que yo no soy guapachoso, en cierta forma, disfrutaba la letra de la canción, me parecía una forma muy inteligente de decir a alguien que se le extraña.

Cuando se apaga mi tv, a las 8 de la noche los días viernes, me quedo con esa misma sensación. Debo esperas todo un ingente fin de semana para verte de nuevo. Pero yo, en cambio, me conformo con algo más sencillo que un beso. Un gesto, una sonrisa, un guiño.


Este poema, como muchos de los míos, cambió su nombre. Cuando escribí el manuscrito le puse "Cuando te vayas", sin embargo, rebauticé por que tengo ya algunos poemas que su título empieza con "Cuando", entre ellos: "Cuando me cantas", "Cuando te encuentres desencontrada", "Cuando la noche" y uno que tengo en el tintero, "Cuando se escucha de lejos". En fin, el caso es que al final lo nombré "Deja rastros de ti", que todavía no me convence.


Deja rastros de ti

Cuando te despidas,
cada viernes por la noche
déjame un poco de tu derroche
para aferrarme a la vida.

Cuando te alejes de mi lado,
como cada fin de semana,
no me prives de lo que te engalana,
de tu piel color acaramelado.

Cuando te vayas,
deja rastros de ti,
que sólo estoy en calma si
te veo sonreír en la pantalla.

Siempre que digas adiós,
dilo con tono augusto,
para que se alargue el regusto
del encanto de tu voz.

Cuando estés al fin distante,
déjame retazos de esperanza,
con ese detalle me alcanza,
para verte, el lunes, radiante.

Cuando te vayas,
deja rastros de ti,
que sólo estoy en calma si
te veo reinar tras la pantalla.


San Salvador, 2 de enero de 2009

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